martes, 30 de octubre de 2007

ENVIDIA MITICA
A la despedida por jubilación de la profesora Diana Gómez se presentó un ignoto comensal vestido como el dios Apolo. Era una idea divertida aunque ningún colega de la profe de historia supo quién había sido el autor intelectual de la bromita. Diana, una autoridad en mitología griega, se pasó la velada relatando una y otra vez su participación en un viejo concurso televisivo cuando casi gana un millón de pesos pero no contestó, dentro del minuto Odol en el aire, una sencilla pregunta: quién era la hermana de Apolo. Para la Gómez era más fácil que para cualquiera de nosotros responder de qué color era el caballo de San Martín (blanco). El "dios", sentado junto a la homenajeada, hermoso y apolíneo, aunque un poco desabrigado, escanció vino de un pingüino cachado en el pico y pulsó su lira para ejecutar una melodía divina que obligó al cuerpo docente a postergar el flan. Cuando la tonadilla culminó, Diana Gómez le preguntó a Apolo, o a Febo, según cómo queramos llamarlo:
-¿Para qué has venido, por el amor de Dios? -Quería saber por qué me negaste y no le contestaste a Cacho Fontana una cosa tan sencilla como el nombre de mi hermana. -Por envidia, hermano mío, por envidia. Estaba harta de que a vos te conociera todo el universo y a mí casi nadie -le confesó Diana. O Artemisa, según cómo queramos llamarla.