En un interesante debate por tevé (de cable. Los debates por tevé abierta han quedado obsoletos) uno de los participantes opinó modernamente que las malas palabras no existían y que, si existiesen, deberían considerarse así a términos tales como guerra, hambre y corrupción. Otro de los panelistas, uno que tenía detrás de sí un helecho, disintió con el razonamiento del preopinante, estableciéndolo en los siguientes términos:
-Eso que usted dice es un tremendo lugar común que siempre le escucho a los pelotudos, perdóneme.
-¡Esa guarangada es inadmisible! ¡Debería intervenir el Comfer! –contestó el otro, indignado-.
lunes, 19 de abril de 2010
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